“Deseo ser sabio, no inteligente… cambiando yo

tony redes

“Deseo ser sabio, no inteligente… cambiando yo, cambiaré al mundo”

El nuevo año poco a poco da indicios de la cuenta regresiva recordándonos que faltan menos días para terminar un ciclo más….

Sí, así somos los seres humanos, nos preocupamos más por aquello que aún no tenemos, y dejamos de ocuparnos ante lo que tenemos… “modus vivendi” que nos hace vivir en la constante búsqueda de “aquello” sin nombre, de lo “faltante”, y que nos orilla más y más ante el precipicio de una insatisfacción total.

Nuevos retos, nuevos propósitos, nuevas relaciones, nuevos sueños por alcanzar y realizar… también nuevos miedos, nuevas confrontaciones, nuevas heridas y sufrimientos. No podemos vivir únicamente creyendo que la moneda sólo tiene un lado. Si hay valores, también tenemos que convivir con los contravalores; si hay felicidad, prepárate para el dolor y el sufrimiento. La vida… esta vida es así… es la única manera de vivirla, de lo contrario terminaríamos por extinguirnos, de nosotros y nadie más compete… ¡¡¡sobrevivir!!!

Cada inicio de algo, de un nuevo ciclo, de un nuevo año, la imagen que aparece en nuestra mente es… “perseguir, pretender, proponer, ir en busca de lo nuevo”.

En este momento viene a mi recuerdo aquel pasaje bíblico que dictaba más o menos así… “vino nuevo para odres nuevos… ya que si se introduce vino nuevo en odres viejos, estos últimos terminarían por reventarse”… y ya no servir.

Así es, la clave yace ahí… “iniciemos un año nuevo no pidiendo cambios en los demás, sino cambiando primeramente nosotros, reconstruyéndonos como hombres nuevos”. Todas las grandes ideologías religiosas, filosóficas y me atrevería a decir que también psicológicas, nos hablan del cambio personal, de la consciencia subjetiva, no del cambio de aquellos que están a nuestro alrededor… “cambiando yo, cambia el mundo”.

Que gran razón tenía Sócrates con su famosa mayéutica… “Nosce te ipsum”… ¡Conócete a ti mismo! El cambio, la verdadera magia alquímica radica en el autoconocimiento, en producir el cambio en mí.

Desgraciadamente cuando miramos a nuestro entorno podemos darnos cuenta de la verdadera vorágine que nos amenaza día a día… “una total destrucción entre unos y otros, como si el mismo ser humano estuviera tan asqueado de sí mismo, que quisiera destruir lo que hay de él en los demás”. La delincuencia, la extorsión, las mentiras políticas, el fanatismo religioso, la quimera de la economía, nos están ahogando así como fue sepultado bajo las aguas del Mar Rojo el ejército del Faraón, al perseguir a Moisés y al pueblo de Egipto.

Alza de precios… violencia, muerte… estafas y falsedades… madres que apuñalan a sus hijos… padres que arrojan al suelo a sus hijos debido al llanto que no pueden soportar sin el menor indicio de arrepentimiento… estamos inmersos en esa “cultura de la muerte” de la que nos hablaba Juan Pablo II, a donde miremos la muerte está presente y con ella, la desesperanza… ¿qué está pasando con los otros?… ¿qué está pasando conmigo mismo?

“Ayer fui inteligente y quise cambiar el mundo, hoy soy sabio y voy a cambiarme a mí mismo”…

Cuando el ser humano única y exclusivamente se ocupa por acrecentar su parte intelectual, no logra darse cuenta, que poco a poco se va hundiendo más y más en aquella “oscuridad existencial” de sí mismo, en ese “autoerotismo”, “narcisismo”, en el alejamiento de sí mismo, colocando barreras que le impiden conocerse… pide “cambios existenciales” en los demás, culpa a los demás, olvidando que el “verdadero cambio” comienza por sí mismo… el único culpable de su “ceguera axiológica” es él… ella… no los demás.

Hoy tengo el deseo, anhelo, sed e ímpetu porque este 2015 sea un año diferente a los demás.

¿Diferente en qué?

Diferente… en que antes de pedirle a los demás un cambio de vida desde la introspección -acción que yo “ni el intento hago por obtener o ser”-, inicie por mí mismo.

Deseo dejar de señalar al otro… teniendo presente que cuando señalo al “otro”, en ese momento tres dedos me señalan a mí, nadie me ha puesto como juez de los demás… “el buen juez por su propia casa empieza”.

Ya no quiero juzgar el proceder de aquellos que están a mi alrededor… ya que mi misión de vida es “hacer pensar y no enseñar”… y hacer pensar a aquellos que desean “despertar”.

Estoy cansado de preocuparme por lo que los demás hacen, piensan o dejan de hacer… debo comprender que cada quien es arquitecto de su propio destino, que cada quien decide lo que quiere y tiene que vivir, de manera consciente o inconsciente… bastante es construir en el día a día mi propia vida.

Hoy vuelvo a sumergirme en mi esencia como ser humano, teniendo un encuentro conmigo mismo, donde me conecto con mis ancestros, con mi pasado, mi presente, mi futuro, mi ser único e irrepetible, con mis sombras, ánima-ánimus…

Hoy deseo ser sabio, no inteligente… hoy anhelo y me esforzaré por cambiarme a mí mismo, porque cambiando yo, tengo la firme confianza de que el mundo cambiará.

Antonio Hernández Mascote