“No quiero morir… deseo estar vivo”

tony redes

“No quiero morir… deseo estar vivo”

Alguien me dijo en una ocasión que existen seres que dicen estar vivos cuando en realidad hace mucho tiempo yacen muertos.

Contemplando a la sociedad de hoy, parece que las palabras de aquel hombre se vuelven realidad.

Ya Pablo Neruda lo mencionó en alguna ocasión…

“Muere lentamente…

Quien se transforma en esclavo de los hábitos,

Quien no se arriesga,

Quien evita una pasión,

Quien no arriesga lo cierto, por lo incierto…

Quien abandona antes de empezar,

Quien se queja de su mala suerte,

Quien no viaja, ni lee, quien no sueña,

Quien no confía, quien no lo intenta,

Quien no ama…

Lo contrario es estar vivo”.

¿Qué significa vivir? ¿Qué es morir? ¿Acaso se puede estar muerto deambulando por esta vida como vivo? ¿Acaso hay muertos que a pesar de estar enterrados o encerrados en criptas siguen viviendo cada segundo? ¿Qué es necesario para poder vivir?

Siguiendo la filosofía de Neruda, podemos darnos cuenta que…

Se muere lentamente… cuando aquello que hacemos todos los días, de manera mecánica, sin darle margen a lo nuevo, a lo diferente, nos  sepulta en la lóbrega tumba de la repetición eterna, de la rutina paralizante y atemorizadora.

Se muere lentamente… cuando no tomamos riesgos por temor al cambio, a perder nuestra comodidad, a no esforzarnos y dejar que los demás piensen y tomen decisiones por nosotros mismos.

Se muere lentamente… cuando se hacen las cosas por hacer, sin esa chispa característica de los grandes genios que crean y transforman la realidad desde la pasión, desde la entrega constante y perene, desde el sudor, las lágrimas y todas las emociones que conllevan el saber quién se es y para dónde se camina.

Se muere lentamente… quien siempre cree estar en lo correcto, quien cree que sólo su verdad es la auténtica y única, cuando por temor a que su “mundo dogmático” se venga abajo por ser obsoleto y poco funcionable para el hombre de hoy.

Se muere lentamente… quien únicamente se la ha pasado hablando, dilucidando, formando castillos llenos de duendes y hadas, sin enfrentarse a la realidad, realidad que también ofrece confort, recompensas, gratificaciones, donde se comienza actuando y no abandonando las grandes oportunidades.

Se muere lentamente… cuando todo se le adjudica al destino, a la suerte, cuando no se sale de casa por no haber consultado las estrellas o se le otorga mayor poder a un ser alado, que a la visión analítica de la misma realidad… “no hay nada nuevo debajo del sol”.

Se muere lentamente… cuando no se es capaz de soñar, viajar y leer, cuando por temor a ver “más allá de sus narices”, considera que todo a su alrededor es pecaminoso, destructivo, dañino y malo para la salud.

Se muere lentamente… cuando no se vuelve a confiar en sus hermanos los hombres. Sí, esos hermanos que traicionan, que dejan tanto que desear, pero que son seres humanos con virtudes y por medio de los cuales adquirimos “tantos aprendizajes” por muy duros que parezcan.

Se muere lentamente… cuando no se ama. Cuando se niega la posibilidad de que el otro haga un bien por mí, que me abrace, me llene de besos, resalte mis cualidades, me desee lo mejor, me diga que soy importante para él o para ella, para ambos.

Se muere lentamente… cuando no se quiere aceptar que el otro es frágil, imperfecto, con limitantes, cuando por temor a salir lastimado se toma la triste y devastadora decisión de “no convivir” con los humanos… humanos que me recuerdan que yo también soy tan frágil e impredecible como ellos, que a pesar de haber fallado continúo recibiendo más de una oportunidad para mejorar, para continuar en mi camino… para hoy poder seguir escribiendo estas cuantas líneas.

Decidido está…

¡No quiero morir… deseo estar vivo!

Antonio Hernández Mascote