«¡Que voten las viejas!» mi encabezado favorito de 1955. El sufragio femenino tardó dos décadas —desde el 17 de octubre de 1953 que fue reformado el artículo 34 constitucional en el que se leía «Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir» —, para ejercer en las urnas su voto en elecciones federales.
¿Por qué es necesario hablar de esta fecha tan importante en el país? Porque era un destello más de la participación política de la mujer. Porque 67 años son pocos en comparación de la línea del tiempo que lleva recorrida la historia de México. No porque no hubiera presencia de las mujeres, ¡porque sí la hubo todos esos años!, sino que las viejas de ese entonces, tuvieron por fin un resultado de las primeras luchas que en la actualidad nos benefician a todas.
Fue precisamente Elvia Carrillo inspirada e impulsada por otras mujeres en México y el mundo, quien se arraigó el principio de luchar por las mismas oportunidades para hombres y mujeres, entre ellas, el voto. En 1912 después de unirse a la causa antireleccionista organizó la ´Liga feminista Campesina Rita Cetina´ (Nombre de su maestra en la juventud, quien fundó la escuela secundaria para mujeres en Yucatán y la organización feminista ´Siempre viva´, por cierto 😉 ). En la organización se tenía un objetivo claro: terminar con las diferencias sociales entre hombres y mujeres.
Años de lucha la llevaron hasta 1923 cuando se convirtió en una de las primeras mujeres mexicanas electas para ser diputada en un congreso local. Fue amenazada (¡ja!, no los veíamos venir, ¿verdad?) y se retiró del cargo. Sin embargo su resistencia y legado hizo posible que en el gobierno de Miguel Alemán se aprobara el voto a la mujer y en el siguiente gobierno, de Adolfo Ruiz Cortines, se reconociera.
Ejemplos como Elvia Carrillo hay muchos, aquí te dejo un breve listado de ellas:
Griselda Álvarez Ponce de León: Primer gobernadora de un Estado del país en Colima en 1979. Fue una fiel defensora de las mujeres mexicanas por la igualdad de derechos políticos.
Rosario Ibarra: La luchadora social y política escandalizó a la política mexicana al ser la primera mujer candidata a la Presidencia de México en 1982 y 1988. Fue una férrea defensora por los derechos humanos y esto le valió la nominación en cuatro ocasiones al Premio Nobel de la Paz.
María Lavalle Urbina: Abogada y política mexicana fue miembro del Partido Revolucionario Institucional y es mejor conocida por ser la primera mujer en presidir el Senado de la República en 1965. Y al igual que sus homologas, Lavalle luchó por los derechos humanos y esto le otorgó un premio de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) por servicios a la causa de los derechos humanos en 1973.
Como señala la resolución sobre la participación de la mujer en la política aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2011, “las mujeres siguen estando marginadas en gran medida de la esfera política en todo el mundo, a menudo como resultado de leyes, prácticas, actitudes y estereotipos de género discriminatorios, bajos niveles de educación, falta de acceso a servicios de atención sanitaria, y debido a que la pobreza las afecta de manera desproporcionada”.
El proceso electoral en 2021, por ejemplo, cuenta con una cifra histórica en participación de mujeres como candidatas luego de que la reforma de 2014 en la materia obligó a los partidos políticos a reservar 50 por ciento de los espacios para ellas. De 69 mil 687 candidatos que buscaron ser elegidos el 6 de junio del año pasado, 51.5 % fueron mujeres.
Sin embargo, las candidaturas para las gubernaturas y presidencias municipales continúan siendo en su mayoría para hombres. Aunque para estos espacios la brecha de género se ha acortado, para los puestos de mayor responsabilidad los partidos políticos siguen postulando a los varones.
En la actualidad en México la brecha aún es grande y hay que reconocer que no porque haya muchas mujeres en las boletas electorales, significa que le estamos ganando al sistema que por siglos nos ha excluido. Tampoco porque la población femenina se componga por más del 50% y seamos más votantes, significa que son de manera legítima. Seguimos en lucha por iniciativas, políticas públicas, instituciones y programas para la protección de derechos de las mujeres en México.
Las mujeres no somos un grupo homogéneo, pues todas tenemos y vivimos circunstancias diferentes. Ahí la importancia de exigirnos a nosotras mismas una representación digna que contribuya a incorporar nuestros intereses y necesidades a los programas gubernamentales. El papel de la mujer en la política es necesario.
Gracias, viejas, por su aguante. Por ustedes, hoy tenemos derecho votar y ser votadas.










