El pasado 4 de septiembre se conmemoró el día de la salud sexual; hice un recorrido desde mi niñez hasta mi presente para analizar aquellos huecos en la salud sexual que como mujer han sido difíciles de llenar.
En mi etapa formativa, tuve la fortuna de que ya existiera en los libros de biología temas referentes a la sexualidad; por supuesto con su grado congruente de explicación. Comenzando por la explicación, diferenciación y ubicación de los genitales y de aspectos corporales que con la pubertad cambiaron. Eso en primaria, en secundaria, me parecía interesantísimo la explicación de la formación de la vida (ya sin decirme que llega la cigüeña o que la abejita deja su polen), sino la explicación científica de cómo un espermatozoide fecunda un óvulo y cómo este se desarrolla durante meses para formar un ser vivo.
Cuando llegó mi periodo menstrual por primera vez me dijeron que ya podía embarazarme (ajá, como si fuera requisito especial para mí –me pregunto si a los hombres, la primera vez que eyaculan, les dicen que ya pueden embarazar también-).
Cuando comencé mi vida sexual en preparatoria, la interesantísima explicación de la formación de la vida ahora me causaba escalofríos, terror y sobre todo me generaba muchas dudas; dudas que no me hacían sentir cómoda y reprimía ese llamado despertar sexual. (Ojo que ese despertar sexual no involucra necesariamente a otra persona).
En el marco del 4 de septiembre, día de la salud sexual es necesario hablar de lo que involucra y cómo la vivimos las mujeres en una esfera altamente conservadora si de nuestro placer y necesidades se trata, de la gravedad de la educación sexual en México y cómo la salud sexual es un tema de salud pública.
La salud sexual no empieza cuando “se nos alborota la hormona”, es un recorrido gradual en el desarrollo de nuestra integridad sexual. Desde el nombrar nuestros genitales cuando somos niños, hasta mucho, mucho más como nuestros derechos sexuales y reproductivos; el embarazo y el embarazo adolescente; los métodos anticonceptivos; las ITS y ETS, etc…
SALUD SEXUAL PARA TODAS Y TODOS
Vámonos a la historia de la educación sexual en México. Esta se impartió a partir de 1974 en las escuelas y desde entonces sigue apareciendo en los libros de textos gratuitos. Aunque, por supuesto que en el mesozoico temprano había información filtrada y vigilada para su tiempo. Lo preocupante es que en nuestro presente la educación sexual en México es, aún, ineficiente. Ja, quién lo diría, a pesar de vivir en la era digital la Secretaría de Salud Pública y la Secretaría de Educación mantienen su estrategia de una charla (al año, si bien nos va) sobre los embarazos adolescentes infundada en la culpa, y sobre los métodos anticonceptivos en el terror.
“No hay mejor método que la abstinencia”, “Los hombres llegan hasta donde las mujeres permiten”, “Las buenas señoritas son castas hasta el matrimonio”… y otras cuantas frases que escuche decir durante mi pseudo educación sexual en la adolescencia. ¿Perdón? Soy un ser humano que algún día tendrá que satisfacer una necesidad básica (y no hablo solo de una relación sexual), hablo del cariño, contacto, deseo, placer, vínculos afectivos.
La educación sexual en México fue tan mal implementada que a la llegada del internet, nos fue más sencillo mal informarnos y exponernos en la red. La secretaría de salud perdió autoridad cuando su educación sexual se basó en el miedo y culpa sin abordar los temas del cuidado, descubrimiento, dignidad, límites y placer. Se debería educar sexualmente con tal integridad, que los niños, niñas y adolescentes puedan preguntar sin miedo todas sus dudas al personal de salud DISPUESTO a ayudarles.
Debería preocuparnos que los jóvenes no cuestionen o que lo hagan bajo el miedo de ser juzgados. Debería preocuparnos que su curiosidad los lleve a sitios peligrosos donde conseguirán información radical y no certera sobre el comportamiento sexual, cuando podrían tener la oportunidad de informarse desde un lugar más seguro y confiable.
¿Y LA SALUD SEXUAL DE LAS MUJERES?
La salud sexual en las mujeres aún es atendida bajo la estigmatización cultural sobre cómo vivir nuestra sexualidad. Esta cultura patriarcal oprime sustancialmente nuestros derechos sexuales y reproductivos. Para nosotras, la salud sexual también se extiende a temas que aún son muy difíciles de hablar abiertamente. Hemos sido excluidas en temas de salud pública. La prueba está en que regalan condones masculinos a diestra y siniestra, pero no productos menstruales; en que nos educan sexualmente para ser madres y no para disfrutar de nuestro cuerpo y decisiones.
Nuestra educación sexual nos enseña cómo colocar un condón masculino, pero poco se nos educa sobre el cuidado e higiene de nuestra vulva, vagina y suelo pélvico; sobre cáncer cervicouterino; las consecuencias hormonales de los métodos anticonceptivos; nuestro ciclo menstrual y sus variantes; la endometriosis; infecciones vaginales; el orgasmo femenino; la diversidad en la anatomía de nuestras vulvas; nuestro flujo vaginal; el abuso sexual y el aborto (por mencionar algunas). La educación sexual en México para nosotras está enfocada en la abstinencia (más a fuerza que de ganas), el falocentrismo y la culpa.
Documentarse, compartir con otras mujeres nuestras experiencias y abordar temas de salud desde la perspectiva feminista ha ayudado en el avance científico y social. Ya desmentimos que el himen es un medidor de “la virginidad”. Gracias a la uróloga Helen O’Connell conocimos la anatomía completa del clítoris ¡en 1998! También hay mujeres lidiando contra la mutilación genital femenina y los abusos sexuales. Y después de más un año, se confirmaron alteraciones en el ciclo menstrual por el virus covid-19. Tratar nuestra sexualidad desde la salud, el placer y la dignidad combate todos los años en desventaja que llevamos.
Las autoridades de salud, de educación, la misma sociedad, deberían implementar estrategias para que nuestro cuerpo no siga siendo objeto de abusos desde que somos niñas. Para que nos desarrollemos con integridad y seamos cuidadoras de nuestro propio cuerpo.
Creo fielmente que estar informadas sobre nuestra sexualidad también previene la violencia sexual (un tema en el que “trabajan y trabajan” los servidores públicos). Definitivamente como mujer, conocer más sobre mi sexualidad, informarme y explorarme ha aportado a la consolidación de mi seguridad y autonomía.
La salud sexual está encausada en un estado de bienestar para tener una vida sexual segura y placentera. Es parte de nuestro desarrollo personal, no solo para para reproducción y enfermedades. Así como los marcan nuestros derechos sexuales y reproductivos, se trata del disfrute pleno de una vida sexual sin riesgo. Donde haya dignidad, respeto, responsabilidad y equidad.










