Ego sum… “ens amans” (Yo soy… un ente que ama)

tony redes

Ego sum… “ens amans”

(Yo soy… un ente que ama)

 

 

A través del tiempo el ser humano se ha preguntado… ¿quién soy?

 

Dicha pregunta ha sido respondida de mil y una maneras, en diferentes épocas y tiempos, en diversos acontecimientos históricos, desde su introspección y acciones diarias.

 

Por mencionar sólo algunos discernimientos:

 

El hombre para Platón es “un alma encarcelada en un cuerpo”.

Para Séneca es “un animal racional”.

Thomas Hobbes… “homo, hominis lupus” (el hombre es lobo del mismo hombre).

René Descartes… “es una máquina compuesta de materiales biológicos”.

Jean-Jacques Rousseau… “es un animal corrompido”.

Charles Darwin… “una especie animal más, que gracias a la selección natural se ha configurado tal y como es”.

Sigmund Freud… “un cúmulo de instintos sexuales reprimidos”…

 

Y así podríamos ir mencionando conceptos acunados que se han ido gestando a través del tiempo y la experiencia, en torno a lo que somos como seres, individuos, personas, instrumentos o portadores de grandes enigmas.

 

Hoy he decido “rumiar” (como diría Friedrich Nietzsche) un poco con lo que planteaba Max Scheler… “el ser humano es un portador de valores… un “ens amans”, un ente que ama”.

 

Reflexionemos un poco en torno a lo anterior. Hagámoslo como un ligero aliciente a todo lo que estamos viviendo como país donde los valores ya no valen y hay una “ceguera axiológica” (axiología= disciplina filosófica que estudia los valores de las cosas; ceguera axiológica= cuando una persona no capta un valor, no porque sean inválidos o inexistentes).

 

Scheler postula que una de las cualidades de los valores es que son “atractivos”. Quien no es atraído por ellos, es debido a su “ceguera axiológica”.

 

Dicho filósofo y axiólogo, da una serie de pasos para tener un “encuentro” con los valores, como “portadores de valores” que somos:

 

* El ser humano primeramente está invitado a “descubrir” los valores… aquí indudablemente los podemos descubrir cuando los demás los practican en su vida diaria, cuando los otros se permiten crecer y evolucionar por causa de ellos… el ejemplo arrastra, más que las palabras.

 

* Después de descubrirlos, el paso siguiente es “preferirlos”… aquí es donde considero, está el gran problema. Los antivalores son muy llamativos, deslumbran, así como la envoltura brillosa que la urraca transporta a su nido, creyendo que es un objeto valioso… olvidando que su gozo, placer, deslumbramiento es pasajero, tiene caducidad ¿qué atraemos a nuestra vida, con nuestro pensamiento, con nuestra manera de vivir? Los valores superiores son “durables”, tienen más resistencia a consumirse… ¿qué tanto están durando tus “valores”? ¿tal vez los estés confundiendo y sean antivalores los que te atraigan? Un verdadero valor te permite crecer, un contravalor da inicio a tu deceso, te conduce a tu involución, a tu “angustia existencial”, a tu aniquilamiento como persona.

 

* Y por último, después de preferirlos, estamos invitados a “realizarlos”, o sea, a ponerlos en práctica… nada, nada, tiene valor en la vida si no se pone en práctica, si no es ejecutado. Los valores son como esos “súper poderes”, los cuales te permiten defenderte ante la corrupción, la inmoralidad, ante supuestas “decisiones” algo dudosas, que de ser tomadas te pueden conducir a la confusión y por ende, a l inmoralidad.

 

* El mismo Max Scheler creía que las relaciones interpersonales están sustentadas por la simpatía y el amor, de aquí su “ens amans”… “ente que ama”. De igual manera nos invita a tener cuidado con los “resentimientos”, ya que son los principales obstáculos contra la realización integral de la persona.

 

No olvides lo grande que eres… eres “portador de valores”, “ens amans”.

 

Cuando sabes quién eres, más fácilmente comprendes tu razón de ser aquí, en este instante preciso… por lo consiguiente conoces con mayor claridad hacia dónde te diriges.





Antonio Hernández Mascote