¡Qué poco padre!

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Cuando lean la presente columna, el calendario ya habrá marcado el Día del Padre, una conmemoración no tan arraigada como la del 10 de mayo, donde restaurantes y Little Cesars están hasta el copete para celebrar a la jefecita. Sin embargo, festejar al progenitor va al alza, sobre todo por el bombardeo comercial, y que este año cayó en quincena para la Godiniza.

A mamases y papases los emparenta la crianza, ya sea compartida o en solitario. Reconocerles también se asocia con las expresiones coloquiales, como el ¡Qué padre! y ¡A toda madre! en los momentos satisfactorios. Pero en la vida hay lados opuestos, en este caso con las figuras ausentes a los que simplemente sus bendis les valen madre. Lo mismo ocurre con los vocablos ofensivos donde la progenitora va por delante cuando se trata de denostar a alguien.

Casi todas las culturas insultan referenciando a las jefecitas porque supone la deshonra familiar; lo cual no ocurre con la paternidad, quizás por el modelo de crianza durante siglos en los que se involucraban poco o nada en el cuidado de la descendencia. Hay situaciones donde es mejor no lo hagan, sobre todo quienes tienen manitas y carácter de estómago. Así lo pensé al ver Garra de hierro (Durkin, 2023), una cinta infravalorada basada en los hermanos Von Erich, la cual al terminar de verla simplemente expresé con desdeño “¡Qué poco padre!”

El cine nos ha mostrado a procreadores ingeniosos ante las adversidades (La vida es bella, Beningni, 1997), a los que con fantasías encaminan (El gran pez, Burton, 1997), los que aman sin importar las limitantes (Yo soy Sam, Nelson, 2002), otros dan la vida por su chamaco (El último camino, Hillcoat, 2010) e incluso los que educan con métodos nada ortodoxos (Capitán fantástico, Ross, 2016). En lo opuesto, hay historias con papás terroríficos, dañinos y lejanos y aquí van 5 excelentes ejemplos de diversos géneros cinematográficos; por cierto, ninguna de Will Smith. 

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Una familia de tantas (Galindo, 1949). Un reflejo de las parentelas de la época cuando fue filmada. Rodrigo Cataño es el patriarca prejuicioso, controlador, y de pronto ¡Zaz! La hija de 15 años se enamora de un adulto vendedor de electrodomésticos casa por casa. Hay melodrama, pero no el sensible y cursi, sino uno que rompió con las tradiciones que tanto gustaban en la época de oro del cine mexicano. El título no fue casualidad.

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El Padrino 2ª parte, (Coppola, 1974). No conozco quién se resista a los padrinos mágicos de Coppola: estupendas actuaciones, escenografías, score, vestuario y trama, con el ingrediente de papás involucrados en el crimen. Michael no solo hereda el apellido y la malicia de Vito Corleone, sino los perfecciona. En la segunda parte consolida el negocio a pesar de romper con su esposa y aprovechar la jerarquía para apropiarse de los hijos. ¿Y la demás parentela? Sublime el beso de la muerte a Fredo, su hermano.El resplandor (Kubrick, 1980).

El hotel Overlook es el escenario para ver la descomposición de la familia Torrance ante la soledad y el aislamiento invernal, en mayor medida por Jack, el papá alcohólico que lucha contra la abstinencia. Hay rasgos que suponen abusos a Danny, el hijo de poderes premonitorios, mismos que lo pondrán a salvo. A Stephen King, autor del libro en que se basa la película, nunca le gustó la adaptación. En la historia original, Jack intentará salvar a su hijo, además que muere por una explosión y no congelado haciendo bizcos.

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Matilda (DeVito, 1996). Acá también hay chicas con poderes. De la mente de Roald Dahl -con todo y su merecida columna https://agoragto.com/columna/ademas-de-historia-y-cine/el-fantastico-senor-dahl/- Danny DeVito llevó a las pantallas a la niña Matilda, diestra en la telequinesis. Dicen que mas vale sola que mal acompañada, y la cita es contundente ante una familia encabezada por un papá tranza y corriente que desvalora a su hija. Película clásica de tarde navideña.

El sacrificio del ciervo sagrado (Lanthimos, 2018). ¿Qué efectos tendrán nuestros vicios? La respuesta puede verse en un filme de suspenso protagonizado por Nicole Kidman y Colin Farrell, este último en el papel del papá arrogante, manipulador; un cirujano alcohólico cuyos errores los cargarán sus hijos.  En el listado bien caben El castillo de la pureza (Ripstein, 1973), Belleza americana (Mendes, 1999), Petróleo sangriento (Anderson, 2008), El luchador (Aronofsky, 2009), y varias más con historias que hacen soltar un ¡Qué poco padre!, esos estereotipos no precisamente para emularlos.

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El deseo porque haya sido un excelente día para quienes tienen la dicha de ser papás, y por supuesto, una felicitación a las figuras paternas. Desconozco si los llevaron a un restaurant o en casita comieron su Little Cesars, pero ojalá las palabras que les externen hoy y siempre sean muy padres, y les den muchos abrazos de poca madre.

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Daniel Hernández Hernández


Nacido en el entonces Distrito Federal, de tránsito en Celaya, adoptado y radicado en la ciudad de Guanajuato.Licenciado en Historia por la Universidad de Guanajuato y actualmente laborando en la Casa de la Cultura Jurídica de la misma capital.El gusto por la lectura y la redacción, obtuvieron recompensa con la publicación de artículos en ediciones del Archivo del Estado de Guanajuato y el Congreso del Estado.Algunas de sus devociones son el cine, lo heterogéneo de  la música y las historias de la historia.