Súper ridícula

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Abril comenzó con la fatídica noticia de la muerte de Val Kilmer, el actor estadounidense con momentos álgidos como el héroe alado en Batman forever (Schumacher, 1995), el Jim Morrison de Oliver Stone (1991) o Tom Iceman Kazansky en Top Gun (Scott, 1986) y su secuela estrenada hace apenas dos años, de hecho, su último trabajo. En lo personal, lo recuerdo por dos motivos totalmente desiguales: por la similitud facial con un conocido y por su actuación en una película “súper ridícula”.

Es verdad, un cuate de mi adolescencia tenía un increíble parecido con el actor. Nuestro Kilmer de colonia media baja era muy serio, así que nunca tuve la confianza de decirle sobre el parecido, pero eso no lo eximió de los comentarios entre risas cuando entre amigos lo veíamos llegar: “ahí viene Val Kilmer”; en el segundo aspecto, lo relaciono por la cinta Top secret (ZAZ, 1984), conocida en nuestro país como Súper secreto. En alguna ocasión vi la película con una dama que su servidor pretendía, y su crítica al terminar de ver el VHS fue “debería llamarse súper ridícula por tan chafa”. El comentario rompió mi corazoncito.

Tuve oportunidad de ver Súper secreto cuando se estrenó hace ya más de cuatro décadas y desde entonces me enganchó de principio a fin, tan así que una de las paredes de mi recamara adorna un poster enmarcado de la icónica vaca con botas. Sabrán entonces la razón por la cual bajé de mi pedestal imaginario a la chica que hizo el comentario, pero tampoco la culpo: el humor de sus creadores Jim Abrahams, y los hermanos David y Jerry Zucker -se hicieron llamar ZAZ, por las iniciales de sus apellidos- no era, ni es del agrado de todo el público.

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El cine de comedia tiene varios subgéneros, ejemplificado en el romance de Una cuestión de tiempo (Curtis, 2013), o el extremo con el humor negro de los hermanos Coen en Quémese después de leerse (2008). Con la misma finalidad de provocar risas está el slapstick, que exagera las habilidades físicas, además de los pastelazos, lo cual hizo Charles Chaplin y a nivel local Viruta y Capulina. También existe la sátira, bien llevada a las pantallas por los ingleses Monty Python, con un humor crítico. Sin embargo, ZAZ iban a crear un tipo de comedia exitosa por su innovación.

En los años setenta, ZAZ hacían teatro de comedia, una labor que alternaban al idear comerciales y diálogos falsos, con la finalidad de parodiar. Era el auge de las historias catastróficas, según dieron cuenta La aventura del Poseidón (Neame, 1973), Infierno en la torre (Guillermin, 1974), y sobre todo las relacionadas con desastres aéreos en las tres partes de Aeropuerto: 1970, 1975, y 1979, donde no faltaba el héroe o heroína que salvaba a los pasajeros ante un accidente o ataque terrorista en pleno vuelo. Los ZAZ escribieron un guion para mofarse de esas situaciones inverosímiles y lo ofrecieron a varias productoras. Paramount aceptó financiar el proyecto y de ahí nació Airplane (1980); por nuestros rumbos renombrada ¿Y dónde está el piloto?    

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Fueron varios los aspectos que hicieron original este humor: la parodia, los estereotipos, errores, bromas sin sentido y el sarcasmo. Otro factor igual de importante fue incorporar actrices y actores sin experiencia en la comedia y así hacer creer al espectador que era un trabajo serio, además de optar por un elenco poco conocido. Es así como vemos piloteando al entonces basquetbolista Kareem Abdul-Yabbar, y en el rol de héroes a Peter Graves y Julie Hagerty, además del acierto de incluir a Leslie Nilsen.

Había nacido el Spoof movie o película de parodia. Aprovechando el éxito de ¿Y dónde está el piloto? ZAZ creó la serie Police squad!, protagonizada por Nilsen, un actor experimentado en cine y televisión, pero que renació sin pretenderlo como comediante. La serie se redujo a unos cuantos capítulos, pero sentó las bases para la trilogía ¿Y dónde está el policía?, que reclutó al ex jugador de la NFL O. J. Simpson y a George Kennedy, contemporáneo de Nilsen.

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Por una década aproximadamente, el Spoof movie encabezó la comedia de Hollywood, y es cuando otros creadores llevan a la pantalla la saga Loca academia de policía, Spaceballs o la serie televisiva Sledge Hammer. ZAZ se encontraba, literal, en estado de gracia y de ahí surge Súper secreto (1984), con la fórmula repetida: rescatar actores legendarios, en este caso Omar Sharif, para mezclarlos con otros sin renombre o debutantes, como Val Kilmer. En esta ocasión, se burlaron de las cintas bélicas, de espionaje y de las pésimas hechas por Elvis Presley.     https://www.youtube.com/watch?v=loZpEaNSRPI

Por cuestiones personales, ZAZ se desintegró, aunque todavía hubo una colaboración en Hot shots!, acá conocida como Loca academia de pilotos (1991, 1993) quizá los últimos trabajos rescatables del género ante su decadencia por el exceso de referencias, chistes muchas veces reciclados y la notoria ausencia del genial trío.

En el nuevo milenio hubo un resurgimiento del cine paródico, sin embargo, carecían del ingenio de sus antecesores, sobre todo porque las alusiones eran obvias, sin disfrazarlas. Así, tuvimos las burlas de los hermanos Wayans a las cintas de terror con su saga de 5 Scary movie (2000-2009)ola dirección de Jason Friedberg que hizo Una loca película de Esparta, Un desastre de película, y, por último y afortunadamente Los juegos de la resaca (Stolberg, 2014).

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El cine de parodia continúa congelado, en espera de ser rescatado por improbables héroes, tal como sucedió en las producciones de ZAZ, aunque al parecer en el presente año se estrenará la cuarta parte de ¿Y dónde está el policía?, estelarizada por Liam Neeson. Desconocemos el resultado, pero sí es seguro se descartarán los chistes y referencias religiosas y sexuales de los que se alimentaron los primeros trabajos del género, hoy impensables por los tiempos actuales.     

Queda el recuerdo de la comicidad de ZAZ, así como la añoranza de ver a un joven Val Kilmer bailar y cantar emulando al rey Elvis en Súper secreto, una cinta “súper ridícula por tan chafa”, pero que, con todo y el comentario de una chica con la que por cierto no formalicé una relación, permanece en el olimpo de mis películas favoritas.  

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Daniel Hernández Hernández


Nacido en el entonces Distrito Federal, de tránsito en Celaya, adoptado y radicado en la ciudad de Guanajuato.Licenciado en Historia por la Universidad de Guanajuato y actualmente laborando en la Casa de la Cultura Jurídica de la misma capital.El gusto por la lectura y la redacción, obtuvieron recompensa con la publicación de artículos en ediciones del Archivo del Estado de Guanajuato y el Congreso del Estado.Algunas de sus devociones son el cine, lo heterogéneo de  la música y las historias de la historia.