La semana pasada, Guanajuato quedó profundamente conmovido por la muerte de un elemento de la policía en el municipio de León. Más allá de las circunstancias de este caso en particular, este hecho nos recuerda la importancia de hablar de un tema del que todavía existe mucho desconocimiento, la depresión. Y hay algo que las neurociencias nos han ayudado a comprender.
Cuando una persona tiene depresión, decirle «échale ganas» no es suficiente, porque la depresión también cambia la forma en la que funciona el cerebro. Las neurociencias muestran que la depresión no es falta de voluntad ni debilidad de carácter. Es un trastorno complejo en el que puede alterarse distintas redes cerebrales relacionadas con las emociones, la motivación, la recompensa y la manera en la que pensamos sobre nosotros mismos.
Una de ellas es la llamada red neuronal por defecto. Esta red se activa cuando recordamos el pasado, imaginamos el futuro o pensamos en quiénes somos. En la depresión, su comunicación con otras regiones cerebrales puede alterarse y favorecer un fenómeno conocido como rumiación.
¿Y qué es la rumiación? Es cuando el cerebro queda atrapado en pensamientos que se repiten una y otra vez. Todo lo hago mal, nada va a cambiar, soy una carga, no existe una salida. Es como si el cerebro reprodujera constantemente la misma película dolorosa y cada vez le costara más trabajo cambiar de canal.
Por eso, una persona con depresión no está eligiendo sentirse así. Su cerebro está interpretando la realidad desde un estado de profundo sufrimiento. Y cuando ese sufrimiento permanece durante mucho tiempo, algunas personas pueden llegar a sentir que no existe otra alternativa para dejar de sufrir.
Por eso, la depresión no debe minimizarse ni tratarse como un simple problema de actitud. Es una condición de salud que merece atención profesional, comprensión y acompañamiento. Esta explicación está basada en una investigación publicada en 2020 en la revista científica Neuroimagen, realizada por investigadores de la Academia China de Ciencias y también de la Universidad de Nueva York.
Ellos analizaron distintos estudios de neuroimagen sobre depresión y rumiación. Sus hallazgos muestran que estos patrones de pensamiento están relacionados con alteraciones en una importante red cerebral.
Pero hay una buena noticia, el cerebro tiene una extraordinaria capacidad para cambiar, gracias a la neuro plasticidad, puede reorganizarse sus conexiones a lo largo de la vida. La psicoterapia, el tratamiento médico cuando es necesario, el ejercicio físico, el apoyo social y los hábitos saludables ayudan al cerebro a construir nuevas formas de responder y recuperarse poco a poco en su equilibrio.
Por eso, pedir ayuda no es una señal de debilidad, es una decisión valiente y también una decisión inteligente. Y el NueroTip de hoy, antes de decirle a alguien con depresión, échale ganas. Prueba mejor decirle, «estoy aquí para escucharte», «¿cómo puedo ayudarte?» O «¿no tienes que pasar por esto solo?» Y es que a veces una conversación empática puede ser el paso para que una persona busque la ayuda profesional que necesita.
Soy Miriam Gasca, neuro comunicadora, y esto fue Comunícate Con Tu Cerebro.








