Buenos deseos

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De las costumbres frecuentes cuando iniciamos una nueva etapa son los buenos deseos. Ocurre en lo laboral, en relaciones de pareja, familiares y en los emprendimientos; lo mismo sucede en los aniversarios, onomásticos y los inicios cíclicos. En todos los casos se agradecen los parabienes, aunque hay diferencias al ser algunos ofrecidos con sinceridad, y en lo contrario, los hechos de dientes hacía fuera por obligación, dejándonos una sensación de incomodidad a emisor y receptor por recibir abrazos tan falsos como un billete de $40.00.

Ojalá los buenos deseos fueran mágicos y nos arreglaran la vida al instante. Ya ven, cuando estamos que nos lleva la tristeza, no falta quien intente alegrarnos la existencia a sabiendas del proceso necesario para quitarnos el pesar. La situación es parecida con quienes le hemos dado rienda suelta al alcohol hasta quedar en calidad de trapo mojado, momento que se escucha la voz amiga en off diciendo “¡Ándale, aliviánate!”, con la esperanza de resucitarlo al instante.

Estamos en los primeros días del 2025 y se mantienen frescos los buenos deseos enviados y recibidos, aparte de los hechos por cada uno que van de la mano con los propósitos: pagar deudas, ahorrar, hacer ejercicio, viajar; entre los comunes.

Varias veces he pensado que los propósitos de comienzo de año son como el sentimiento de culpa ante los gastos y la ingesta descarada de comida en el último trimestre, y por eso son poco variables. La situación lo saben los comercios esperándonos no para comprar los regalos, el pavo y cuanta botana, sino para adquirir ropa y suplementos deportivos, mismos que la mayoría se llenarán de polvo por desuso, y el pants con playera de licra adquirido, servirá de outfit en los fines de semana de echar menudo o barbacoa mañanera.

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Tampoco es propio de nuestros tiempos pedir le vaya mejor a la gente a la cual tenemos afecto y a nosotros mismos en el inicio de una era. Cabe la posibilidad que la población de antaño tenían achaques similares, comprobable en la cultura mesopotámica. Su fiesta principal era aproximadamente en el actual marzo, relacionada a sus ciclos de cosechas donde además de comer y ponerse hasta el cepillo, pagaban sus deudas y regresaban los objetos prestados a sus dueños; con el temor que, si lo omitían, serían castigados por sus deidades. La diferencia ahora radica en que nos exponemos al embargue bancario o nos deje de hablar el vecino por no regresarle su taladro.       La población en China siempre se ha caracterizado por su empeño al trabajo -forzado, en muchos casos- y parte de ello debe ser por sus costumbres. El Año Nuevo comienza a finales de enero, con celebraciones destacadas como la Fiesta de los Faroles, un evento de hace unos dos mil años en donde las linternas simbolizan, entre varios motivos, la fortuna, dejar el pasado, apropiarse del presente, y, sobre todo, trabajar más para lograr prosperidad; muy diferente al godín occidental que no ve la hora de jubilarse.

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Una tradición igual de milenaria es la ingesta de lentejas en lugares que ocupó el antiguo imperio romano. Por su forma y tonalidad, decían, la legumbre es similar a pequeñas monedas y por lo mismo eran ofrecidas a sus dioses por simbolizar abundancia. El complemento alimenticio es con embutidos de cerdo, como distintivo de tener la barriga llena y el corazón contento.

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Los comienzos de año o ciclos deseando los mejores anhelos no son novedosos, ni producto de la mercadotecnia, porque a menos nos guste la mala vida, siempre deseamos estar sanos y tener tranquilidad en cualquier ámbito. De igual forma, la fortuna y la dicha no llegan gratis.

No crean soy un amarguetas sin aceptar ni aspirar buenos deseos, al contrario: en Año Nuevo me retaco mis 12 uvas, aun cuando después no recuerdo si en febrero eran las de vacaciones y en julio las de tener pareja. También disfruto dar y recibir el abrazo sincero por los parabienes. De lo que, si estoy consciente, sin verme aleccionador y menos jugarle al coach de vida, es que hay hábitos en cada uno para modificarlos en cualquier día, sin esperar un cambio tipo milagro cinematográfico, o por simplemente por pasar del 2024 al 2025.

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Sus sugerencias, comentarios y buenos deseos, son bienvenidos al correo:

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Daniel Hernández Hernández


Nacido en el entonces Distrito Federal, de tránsito en Celaya, adoptado y radicado en la ciudad de Guanajuato.Licenciado en Historia por la Universidad de Guanajuato y actualmente laborando en la Casa de la Cultura Jurídica de la misma capital.El gusto por la lectura y la redacción, obtuvieron recompensa con la publicación de artículos en ediciones del Archivo del Estado de Guanajuato y el Congreso del Estado.Algunas de sus devociones son el cine, lo heterogéneo de  la música y las historias de la historia.