El Biopic (o hurgando vidas ajenas)

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En días pasados pude ver la película biográfica Elvis (Luhrmann, 2022), la cual disfruté en una sala cinematográfica por el gusto de escuchar con buen audio al Rey, además de la curiosidad por las actuaciones y observar la perspectiva narrativa de la historia.

Concluí que es a secas, una película entretenida, destacable en lo auditivo por las canciones del de Memphis en su etapa en Las Vegas, con actores que convencen en sus roles y que, con mil justificaciones, al respetable nos gusta hurgar las vidas ajenas, si es de famosos expuestos en pantalla, mucho mejor.

No me vayan a decir lo contrario, de otra forma no me explicaría el éxito en los últimos años de Bohemian Rhapsody (Singer, 2018), del musical Rocketman (Fletcher, 2019), de los biopic seriales de Bronco, Luis Mi y La Trevi o las confesiones llenas de nostalgia que ni el TVNotas logra extraer de personalidades ochenteras en los canales de Jordi Rosado y El Burro Van Rankin; porque las historias de vida son atractivas y venden bien.

La curiosidad, es un proceso natural en los humanos, -aunque nunca falta quien abuse de esa cualidad- conlleva cuestiones neurológicas, educativas, sociales y está presente en todo momento, basta cualquier situación para darnos cuenta de ello; desde ojear a quien platica afuera de nuestro hogar o el común al encontramos cerca de un accidente y voltear brevemente para ver la situación.

En las relaciones interpersonales, la curiosidad se manifiesta en automático cuando escudriñamos a nuestros contactos en las redes sociales y es una realidad que también nos gusta exponernos. Si trasladamos ese fisgoneo a los famosos, nos interesará replicar sus identidades y tomarlos de ejemplos al ser usted y su servidor partícipes de una cultura de consumo.

Tomamos características en la forma de vestir, de expresar, de pensar y más aspectos de figuras reconocidas y muy poco de lo que tenemos alrededor, a menos que en su vecindario habite Angela Merkel o Robert De Niro. Un niño no pedirá a los reyes magos la vestimenta de trabajo de un taquero, pero sí el traje de un personaje de Marvel.

Esto lo sabe bien la industria del entretenimiento cuando nos presenta los redituables biopics (neologismo derivado de biographical picture y, como muchos anglicismos, esta palabra no tiene género, siendo válido referirse en femenino: La biopic y masculino: El biopic); historias o etapas en su mayoría de personajes trascendentes, inspiradores que superan adversidades, de voluntad inquebrantable y, ante todo, triunfadores.

Las películas biográficas no son creaciones recientes. Si bien en los últimos años han pululado en cualquier pantalla, existen casi a la par del cine. En 1908 se realizó la primera, sobre el francés Napoleón (Blackton), con relativo éxito, empero fue hasta que el cine tuvo voz, a partir de 1927, que proliferó esta temática en producciones de Warner Bros con narraciones lineales de personas destacadas. Sin embargo, dos películas estrenadas casi simultáneamente iban a romper esa expresión biográfica.

El ciudadano Kane (Welles, 1941), presenta a un personaje ficticio basado en el magnate creador del periodismo amarillista, el estadounidense William Randolph Hearst. Entre las varias cualidades revolucionarias de la película, es el rompimiento con la exposición lineal, se narraba segmentada o con variaciones en el orden cronológico; los flashbacks tan vigentes.

La otra cinta fundamental fue El Gran Dictador, con Charles Chaplin parodiando a Adolf Hitler, en un trabajo que demostró que las historias de vida también podían ser antagónicas y divertidas, siendo esta la primera cinta basada en el líder alemán, incluido posteriormente en el catálogo de los dibujos animados de Walt Disney y la misma Warner Bros, y es con seguridad, el segundo personaje más retomado en el cine, porque el primero se relaciona con la religión.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la iglesia católica colaboró en el financiamiento de películas épicas, buscando afianzarse como institución religiosa y es a través del cine, el medio masivo de difusión de la época, que lo manifestó exitosamente en biopics basadas en personajes bíblicos: Sansón y Dalila (1949 DeMIlle), Los Diez Mandamientos (DeMille, 1956), Ben – Hur (Wyler, 1959), por citar algunos, siendo la vida de Jesús la más expuesta desde diversas ópticas.

De Jesucristo se han producido infinidad de películas, la mayoría dramáticas, pero también polémicas, como la de Paolo Pasolini, que en El Evangelio según San Mateo (1964), le da un tinte marxista; el de virtudes y defectos en La última Tentación de Cristo (1988) de Martin Scorsese, el paródico de los ingleses Monty Python en La Vida de Brian (1979) y los musicales Jesucristo Superestrella (Jewison, 1973) y Jesucristo, Cazador de Vampiros (Demarbre, 2002), que lo muestra experto en Kung-fu.

La libertad de directores para retomar a celebridades para sus trabajos, implica que Calígula (Brass, 1979) se acerque más a la pornografía que a mostrar al emperador romano; que la Frida de Salma Hayek sea una historia light ultra pasteurizada y que Naomi Watts primero y después Kristen Stewart, interpreten a la princesa Diana como la persona más triste y solitaria de Inglaterra.

En la presente columna, no traté el biopic por género cinematográfico, debido la cabida de estas biografías verdaderas y ficticias en el drama (Monster, Jenkins, 2004), el documental (Senna, Kapadia, 2011), la comedia (Man on the Moon, Forman, 2000), el terror (Winchester, Spiering, 2018), el musical (las ya citadas) y me parece funcionan como una temática, salvo su válida opinión.

El biopic goza en la actualidad de cabal salud, probablemente porque cuando vemos una nota de personas celebres, nos adentramos de inmediato para investigar su vida al tener la información al alcance de las manos y si no es famosa, nos encargaremos de convertirla con tan solo replicar likes; ya será tarea de la industria del entretenimiento mostrárnoslas interesantes.

Marie Curie decía que debíamos tener menos curiosidad por la gente y más curiosidad por las ideas, lo cual es verdad, pero, pero… vaya que, unos más, otros menos, tenemos una fascinación por hurgar vidas ajenas, así lo justifiquemos de mil formas.
Se los dice un historiador.

Por cierto, va mi top 5 de biopics:
1.- Barry Lyndon (Kubrick, 1975
2.- Goodfellas, (Scorsese, 1990)
3.- The Last Emperor (Bertolucci, 1987)
4.- Man on the Moon (Forman, 2000)
5.- I, Tonya (Gillespie, 2018)

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Daniel Hernández Hernández


Nacido en el entonces Distrito Federal, de tránsito en Celaya, adoptado y radicado en la ciudad de Guanajuato.Licenciado en Historia por la Universidad de Guanajuato y actualmente laborando en la Casa de la Cultura Jurídica de la misma capital.El gusto por la lectura y la redacción, obtuvieron recompensa con la publicación de artículos en ediciones del Archivo del Estado de Guanajuato y el Congreso del Estado.Algunas de sus devociones son el cine, lo heterogéneo de  la música y las historias de la historia.