¡Vámonos con Pepe Arango!

DANIEL 1

Este 2023 se conmemora el centenario de la muerte de Francisco Villa, uno de los principales caudillos de la Revolución Mexicana; figura por demás polémica y si lo dudan, solo es poner en balanza los que están a favor y en contra de que desde la Presidencia de la República se designó su año oficial.   

José Doroteo Arango Arámbula es controversial desde su nombre auténtico y me imagino, sin que él lo supiera, estaba destinado no solo a las armas, sino también al estrellato y por eso optó cambiárselo por un apelativo más rockstar, más artístico, porque lo suyo fueron las cámaras y el histrionismo.

Las teorías mencionan se cambió el nombre porque asesinó al hijo de su patrón; otra más, por huir del servicio militar o que Villa era el apellido de su abuelo legítimo, además de que así se llamaba su jefazo bandolero. Lo cierto es que no es igual de atractivo el título de la película ¡Vámonos con Pepe Arango! que ¡Vámonos con Pancho Villa! No me desmentirán: se lee mejor Pancho Villa y sus Dorados, que Pepe Arango y sus Dorados, más cercano este último mote a agrupación guapachosa.

Con el riesgo a equivocarme, no hay otro personaje de la historia nacional que haya seducido en su papel de antagonista oficial, caricaturizado en varias ocasiones, convertido en el arquetipo del bandido idóneo para el cine; digamos que no venden igual Santa Anna, Díaz, ni Huerta, tres de los estereotipados archienemigos públicos de México.

A Villa le encantaba la actuación y quizá le ayudó para mostrar su lado sensible o viceversa. Prófugo de la justicia, ejerció varios oficios, pero ocupó más tiempo para el bandidaje, el cual dejó para apoyar con su gente a Francisco I. Madero al desconocer la reelección de Porfirio Díaz. Villa conoció al futuro presidente, confesándole entre lágrimas que efectivamente, era ladrón, pero quería rectificar camino.

Alejado por unos meses de las armas, el duranguense las retomó ante la rebelión de Pascual Orozco en 1911, situación aprovechada por el capitán Victoriano Huerta para aprehenderlo, acusándolo de subordinación, aunque en realidad el motivo era la envidia por las alabanzas y empatía que le tenía Madero a nuestro personaje.

Mandado al paredón, Villa aprovechó nuevamente su facultad para la actuación: comenzó a llorar para que le perdonaran la vida. En cuestión de minutos logró salvarse por orden presidencial, sin embargo fue apresado, trasladado a la cárcel de Lecumberri y después a la de Tlatelolco, donde logró fugarse al norte del país.

Con la muerte de Madero perpetrada por la milicia de Huerta en 1913, Villa se reorganizó junto otros líderes para derrocarlo y tomar venganza de su némesis. Al mando de la División del Norte alcanzó su punto álgido como estratega militar, pero sobre todo su clímax con el estrellato, incluidas luces, cámara y acción.

Mutual Film Co. firmó contrato con Villa  para filmar dos cintas: The battle of Ojinaga y The life of General Villa (Cabbanne, Walch, 1914), ambas con enfrentamientos y fusilamientos reales, con la característica esta última de un actor que personifica a Villa en la segunda mitad de la película. Las filmaciones fueron en el transcurso del día para aprovechar la luz natural y el convertido en primer actor, aceptó usar vestimenta hecha especialmente para estas producciones.

El cine llegó a México casi simultáneo con el siglo veinte y la Revolución Mexicana fue un excelente escenario para realizar trabajos exhibidos en la pantalla grande. En otra de las etapas de esta lucha, se rompió la alianza de Carranza y Obregón con Zapata y Villa, lo que propició los primeros establecieran su gobierno en Veracruz, mientras los otros dos marcharon a la Ciudad de México, como se testifica en varias cintas.

De esta icónica visita hay grabaciones donde vemos a Villa, literal, moviendo el bigote mientras come y observa en varias ocasiones a la cámara que lo filma. Así mismo, hay escenas donde se le ve -otra vez- llorando ante la tumba de Madero y no podemos omitir la escena donde se sienta en la silla presidencial, porque efectivamente, le gustaban los flashazos y balazos.

En 1915 se verificaron los combates en el Bajío entre Obregón y Villa, también con varios pasajes filmados donde se muestran caballerías, ferrocarriles y  tropas de los dos bandos, con breves tomas directas a don Pancho, probablemente intranquilo por las derrotas infringidas y que en gran medida definieron la conclusión del conflicto armado.

Villa se retiró a Chihuahua y como todo artista jubilado, sus apariciones públicas fueron espontáneas, siendo la más notable el ataque a Columbus, Nuevo México en marzo de 1916, justificándolo por el reconocimiento del gobierno de Estados Unidos al de Venustiano Carranza y en represalia por las balas inefectivas que le vendió el traficante Sam Ravel.

La respuesta estadounidense fue la incursión de miles de soldados a territorio mexicano para capturarlo; una búsqueda documentada con cámaras en los campamentos, además de algunas colocadas en los aviones que sobrevolaron la sierra del norte del país. Tras once meses, las tropas se retiraron sin éxito.

En 1920, el presidente interino Adolfo de la Huerta ofreció amnistía al Centauro del Norte, quien la aceptó junto con una guardia de cincuenta hombres y la hacienda de Canutillo; noticia de primera plana en los periódicos. Reafirmo, era divo, un rockstar.

Cita el refrán “calladito te ves más bonito” y aplicó para Villa ante los medios de comunicación que tanto lo sedujeron. En 1922 Regino Hernández de El Universal fue a su hacienda para entrevistarlo, lugar donde el periodista pasó una semana tratando varios temas y a pesar de jurar no hablar de política, el entrevistado dijo “sin problema, en menos de una hora podría juntar 40,000 hombres y levantarme contra el gobierno”.

Su comentario lo tomó como amenaza el entonces presidente Álvaro Obregón y la teoría es que su secretario de Gobernación, Plutarco Elías Calles, lo mandó asesinar en el 20 de julio de 1923. Villa contaba con muchos seguidores, pero también con adversarios y entre los varios mitos es que lo mandó matar un diputado local.

Su legado en la farándula originó se hicieran películas, series, corridos y parodias; añadidas con las frases “muy bien, muchachito”, -su manera de dirigirse el Centauro a sus tropas- y el grito más patriotero, invención suya: “¡Viva México, cabrones!”

Les digo, héroes o enemigos de nuestro país, no cautivan ni alcanzan el estatus de Villa en cuanto a reflectores durante y después de su existencia. Fue buena su decisión cambiarse el José Doroteo Arango Arámbula por Francisco Villa, incluido su hipocorístico, porque atrae más el título de película ¡Vámonos con Pancho Villa! que ¡Vámonos con Pepe Arango! 

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Daniel Hernández Hernández


Nacido en el entonces Distrito Federal, de tránsito en Celaya, adoptado y radicado en la ciudad de Guanajuato.Licenciado en Historia por la Universidad de Guanajuato y actualmente laborando en la Casa de la Cultura Jurídica de la misma capital.El gusto por la lectura y la redacción, obtuvieron recompensa con la publicación de artículos en ediciones del Archivo del Estado de Guanajuato y el Congreso del Estado.Algunas de sus devociones son el cine, lo heterogéneo de  la música y las historias de la historia.